Cada mañana se ponen sus batas negras, toman asiento y escuchan las declaraciones de una larga fila de inmigrantes desesperados por quedarse en Estados Unidos.
La mujer camerunesa llegó a la corte de inmigración llena de cicatrices: Había sido prisionera en su tierra natal, dijo, golpeada con cables, quemada con cigarros y violada en repetidas ocasiones, contrayendo el VIH.
Se suponía que Juan Carlos Dávalos pasaría una noche en la cáriel y luego recuperaría su libertad. Pero su arresto por manejar ebrio --una infracción menor-- sacó a la luz un pasado que Dávalos había ocultado durante casi 20 años: Había cruzado la frontera ilegalmente desde México cuando era adolescente.
Kesnel Sineus pensó que estaba cumpliendo con todos los requisitos para conseguir asilo. Sineus, quien es oriundo de Haití, escribió cartas para impulsar su proceso, tuvo una entrevista y quedó a la espera del siguiente paso. Ese paso no fue el que esperaba: agentes federales golpearon su puerta y le dijeron que se tenía que ir del país.